La sucursal del cielo

Caracas is the most violent capital city in Latin America. In 2013 figures revealed 24.763 homicides in Venezuela.

La sucursal del cielo (sometimes translated as Caracas. Echoes from Heaven) is a visual record which allows the viewer to distinguish the countenance of a society which is unfamiliar with fright not to come to terms with the true onthological nature of being both the victim and the aggressor. Just like the ghost that is unaware of its own death, the genuine tragedy lies in the inability to recognize the tragic nature of events. The actual tragedy is not to have a tragedy. Caracas is a city that is unsure about what to do with its dead perhaps due to the fact that no one is alive. No one considers themselves to be human; we all are culebras, becerros, buitres or chigüires[i]. Living like dogs and dying like dogs: the barks rattle like automatic firearms shots: ra-ta-ta-ta! Why be afraid? They’re just pictures, images, representations. However, reality is always more terrible, tragic, and disheartening. It all becomes clear: there is no heaven when angels carry “high caliber shooting irons” and their shots resound like flutes. Even saints defend themselves from the torment that awaits them on the pavement and the streets in Caracas. They carry weapons and knives, sleep in cemeteries, smoke weed; so much life amidst so much death. In the end it all becomes clear, quiet, as the poet Rafael Cadenas claims: “…we kill because we are dead”. No one is safe; no one goes unpunished. We all are victims and aggressors of a nameless war: “a war that has no name yet.

 

Gerardo Zavarce, Venezuelan writer

 

i Urban popular slang terms which refer to other people or gangs.

Caracas es la capital más violenta de América Latina. En 2013 se contabilizaron 24.763 homicidios en Venezuela.

La sucursal del cielo es un expediente visual que permite distinguir el semblante de una sociedad  que no conoce el espanto por temor a reconocer su verdadera naturaleza ontológica: ser ambas cosas: víctima y victimario. La genuina tragedia, como fantasma que no tiene conciencia de su propia muerte, es no ser capaces de reconocer la naturaleza trágica. La verdadera tragedia es no tener tragedia. Caracas es una ciudad que no sabe qué hacer con sus muertos, quizás porque nadie está vivo. Nadie se considera humano, todos somos: “culebras, becerros, buitres o chigüires i”. Vivir como perros y morir como perros: los ladridos traquetean como descargas de armas automáticas: ¡pa, pa, pa, pa! ¿Quien dijo miedo? Son sólo fotografías, imágenes, representaciones. En cambio, la realidad siempre es más terrible, trágica, desesperanzadora. Todo queda claro, no hay cielo que valga, cuando los ángeles portan “hierros de alto calibre” y sus cañones resuenan como flautas. Hasta los santos se defienden del tormento que les aguarda en la vía y el asfalto caraqueño, portan armas y puñales, duermen en el cementerio, fuman hierbas, tanta vida en tanta muerte. Al final todo queda claro, quieto, como lo afirma el poeta Rafael Cadenas: “…matamos porque estamos muertos”.  Nadie esta a salvo, nadie queda impune, todos somos víctimas y victimarios de una guerra sin bautismo: “una guerra que aun no tiene nombre”.

 

Gerardo Zavarce, escritor venezolano

 

Expresiones urbanas populares para referirse a otras personas o grupos.